Silva, Érick o Carvallo, ellos debieron ser y no Duarte

Alberto Silva, Érick Lagos y Jorge Carvallo FOTO: GOOGLE

Si alguien consecuentó las locuras de Javier Duarte en los últimos años de su sexenio, éste fue Alberto Silva. Silva, Érick o Carvallo, cualquiera de ellos debió ser el elegido para la gubernatura después de Fidel Herrera. Pero Fidel sabía que cualquiera de estos tres se le podía subir a las barbas. Fidel necesitaba alguien que le garantizara impunidad, seguridad financiera y un Maximato disimulado. El único que le podía garantizar todo eso era Javier Duarte, un muchacho pusilánime que había crecido al amparo de él; lleno de complejos; Fidel sabía qué punto neurálgico tocarle a Duarte para que éste riera o llorara según su voluntad.

Los otros tres acataron las órdenes de Fidel Herrera, lo conocían y sabían que en «la plenitud del pinche poder» no se podía contradecir al de Nopaltepec. Pero también sabían que Fidel dejaba una estela de podredumbre con la que tendría que lidiar su sucesor. Javier se creyó con méritos para ser gobernador; en su arrogancia creyó que el puesto estaba creado para él, pero el tipo aparte de codicioso, resultó un imbécil.

Eso lo descubrió Alberto Silva a la mitad del sexenio y comenzó a trabajar al gobernante para que matara simbólicamente a su padre Fidel, y así él pudiera manipularlo a su antojo. Al final lo consiguió.

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Comentarios

  1. Pues a Duarte aún hay que comprobarle lo que se le acusa, pero estos tres pobres p… de Silva, Lagos y Carvallo son una peor podredumbre que el mismo Duarte. Todos unos auténticos ladronzuelos.

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