Arturo Bermúdez, de Capitán Tormenta a soplo de aire maloliente

Bermúdez
Arturo Bermúdez Zurita FOTO: WEB

Si de algo se caracterizaba Arturo Bermúdez Zurita era por sus malos modales, se sentía bordado a mano, Veracruz no se merecía a semejante divinidad hecho hombre. Este personaje siniestro vivía en su burbuja, creía que todos se debían rendir a él. El poder le nublaba el poco entendimiento que tenía. Pensó y llegó a creer que era verdaderamente intocable. Las acusaciones en su contra le provocan una sonrisa cínica que siempre lo ha perseguido.

La docena de patrullas y personal que le rodeaban lo hacían sentir importante, su llegada espectacular al centro de la ciudad en helicóptero lo hacía sentirse superior a cualquiera, incluyendo al mismísimo exgobernador en fuga. Hoy la sonrisa cínica ha desaparecido de su rostro, su captura abre una carpeta cargada de tropelías y delitos. Hoy el Capitán Tormenta sólo es un soplo de aire pútrido y maloliente.

Hoy Bermúdez Zurita teme por su persona, por su integridad, sus uñas brillosas ya no brillan, sus trajes finos se quedaran en los ganchos de finas maderas, hoy este personaje comienza a sentir el frío y la soledad de su celda, ahora comprenderá qué se siente estar en la cárcel. Hoy Bermúdez Zurita está solo, más solo que nunca.

Ojalá y este tiempo que este preso sirva para resarcir el dolor de miles de familias que sufrieron por el secuestro de sus seres queridos, con la venia de un hombre que pensó que podía burlar la ley. Bien dice el dicho, la justicia tarda pero de que llega, llega.

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