La dispendiosa burocracia universitaria

UV
Rectoría de la Universidad Veracruzana

La UV, muy a su pesar, sigue siendo una gran fábrica de desempleados. Hace rato que eso no cambia. No hay verdaderos programas, como en otras instituciones, digamos los Institutos Tecnológicos, que vinculen a los alumnos con las empresas que podrían emplearlos. No hay un seguimiento real de egresados, si acaso unas reunioncitas de café y galletas; de experiencias fatuas y anécdotas falsas. El dispendio es brutal. Los funcionarios de cierto nivel de la UV cargan todo al presupuesto. Es común ver a funcionarios de quinta desayunando o comiendo en el restaurante La pérgola, cargando sus alimentos diarios a la Universidad Veracruzana.

Bueno, su plan médico en un tiempo cubría hasta cirugías plásticas. Para colmo, la Universidad Veracruzana, una institución que podría crear sus propios departamentos de evaluación, sigue contratando al Ceneval para la aplicación del examen de admisión y para otro tipo de evaluaciones. El gasto que la UV le hace a Ceneval, la empresa de la que es socio mayoritario Víctor Arredondo, es verdaderamente oneroso.

La Universidad Veracruzana nunca pudo erradicar a esos investigadores que se incrustaron y que cobran cantidades enormes, sin cumplir con ninguna carga académica. Sara nunca tuvo el valor de poner orden en esa clase de “aviadores” académicos; para colmo contrata a ebrios irredentos en empresas culturales como la Feria del Libro, que es parte del rostro que mostramos al exterior.

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