Mancera, el fascista; joven le reclama al jefe capitalino el uso excesivo de granaderos

Control policiacoMancera es un político chavirruco que aún cree que los jóvenes son manipulables, bueno, al menos eso creía antes de realizar su participación en la entrega del Programa Jóvenes en Desarrollo, «un programa —según la página oficial del Injuve de la CDMX— diseñado para jóvenes en vulnerabilidad que pudieran caer en deserción escolar, embarazo adolescente, adicciones, pandillerismo o delincuencia organizada». En este programa se les ofrecen atención psicológica, económica a través de apoyo en el servicio de transporte urbano, además de actividades culturales, educativas, recreativas y deportivas con sólo mostrar una credencial que certifique su afiliación.

El chavirruco Mancera entonces, sin saco y con la camisa arremangada, ofrecía su discurso y lo condimentaba con anécdotas de su juventud, de su época de estudiante y de sus noviazgos, hasta que un joven se acercó a él y, enseñándole la credencial del programa de jóvenes, le pidió la palabra. Lo que vino después no tiene desperdicio: el joven de 22 años con voz elocuente de nombre Emiliano Morales, estudiante de Ciencias Política de la UNAM, le reclamó el que, para entrar a este evento, los policías tuvieran que revisar a todos los asistentes, y de paso le recriminó el uso de las fuerzas policiacas para frenar las marchas que realizan los maestros de la CNTE y los padres de los 43 estudiantes de la normal de Ayotzinapa.

«Es indignante que en la entrada los policías nos revisaran como si fuéramos a traer algún tipo de arma. Y no, no traemos ningún tipo de arma. ¿Saben con qué no contaban los de su equipo de seguridad, doctor? Con que nuestra arma es la palabra… En una democracia, las personas salen a protestar. Pero ¿sabe cuándo ya no me cuadran las ideas? En el momento en que voy caminando por el Hemiciclo a Juárez a protestar al Zócalo junto a los maestros y me encuentro con una barricada de policías y de cuerpos de granaderos»

Y para rematar su discurso, el cual ya había incendiado a todos los jóvenes presentes, le dejó las palabras que al parecer tuvieron más impacto en el jefe capitalino: «¡Señor Mancera, eso no es una democracia. Eso es fascismo. Eso es un estado de sitio!». El doctor Mancera aprendió hoy una lección muy importante: las palabras pueden hacer mucho más daño que las armas, y las del joven Emiliano Morales vaya que lastimaron mucho al que alguna vez era un presidenciable natural. Ni modo, a veces cuando se quiere dar cátedra, termina uno aprendiendo de quien menos esperas.

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