Franco-Mancha, derrotaron a Amadeo

Franco
Rogelio Franco Castán y Pepe Mancha
- en Opinión

Luis Ramírez Baqueiro / 

“El arte de vencer se aprende en las derrotas.” – Simón Bolívar.

Una vez que comienza a bajar la marea tras el paso de la tormenta, se comienza a ver con claridad cuáles fueron las resacas que la poderosa fuerza del mar ha dejando sobre la playa, lo mismo ocurre al paso del proceso electoral, tras la embestida del domingo 5 de junio –al que muchos desearían poder olvidar- reflejada en las urnas, deberá venir el análisis profundo del actuar de sus dirigencias políticas.

Esto permitirá a cada instituto político reconfigurar sus fuerzas y sobre todo garantizar o no la continuidad de algún proyecto siempre y cuando este haya sido efectivo.

Pero que ocurrió realmente, ¿es todo en el caso del Revolucionario Institucional responsabilidad del gobernador Javier Duarte de Ochoa?

La verdad que no, debemos realmente ser fríos en el análisis y considerar que el gran responsable de la debacle en parte es de él, ante su falta total de capacidad política y tacto social, gobernar no solo es sentarse en la silla, viajar en camionetas blindadas, con el sequito de guaruras, y cargar maletas repletas de dinero.

Gobernar implica, además del conocimiento amplio sobre la cosa pública, el contar con una alta sensibilidad y un humanismo a toda prueba, el gobernar es servir, y no servirse, el mandatar por designio popular implica una doble responsabilidad, con quien voto a su favor, pero también con quien no voto por él.

A todas luces, la conformación de un gabinete encabezado de amigos, compinches, cómplices y secuaces son junto al factor corrupción el principal elemento de la derrota, sumado a ello, la incansable campaña de desacreditación en contra de un personaje público construyó el pedestal para colocar al vencedor.

La crisis institucional que vivió el priismo veracruzano, formó parte de ese extremoso acto por controlarlo todo, sin dejar que cada quien asumiera la responsabilidad de cada cosa, la dirigencia estatal del PRI en manos de Amadeo Flores Espinosa quedo de lado, ante los excesivos cuartos de guerra que construyeron en paralelo desde Palacio de Gobierno, y desde la Casa de Campaña del candidato Héctor Yunes Landa.

Héctor como actor político demostró ser un excelente candidato, un mejor político al asumir con hombría y caballerosidad su derrota, y estadista al señalar que peso más en esta derrota el negativo lastre de su gobernador, quien se empeño desde un principio en zancadillearle costase lo que costase, y en llamar a los priistas en convertirse en una oposición responsable que actué ante el hartazgo social.

En el PAN y PRD, en cambio, se dejó maniobrar a sus dirigentes, quienes como nunca se movieron como peces en el agua, ante la falta de cumplimiento de los acuerdos políticos que en su momento tuvieron con la administración estatal, porque es evidente, que muchas de las aberraciones sucedidas en la entidad tuvieron que ver, con la con secuenciación de los actos de gobierno.

Curados en salud y alejados del Fidelduartismo, tanto José Mancha Alarcón como Rogelio Franco Castán, pasarán a la historia por ser los gestores de una alianza que a todas luces fue el factor inicial de la debacle del domingo 5 de junio.

Para los panistas y perredistas que renegaron en su momento de la Coalición tremendo tapón de boca les dieron estos dos jóvenes dirigentes; a este reportero tanto José Mancha Alarcón y Rogelio Franco Castán le confirmaron que tras el éxito de su coalición, ambos partidos podrían ir en 2017 y 2018 a la contienda electoral, y aguas dirían por ahí con este trompo, porque quizá con ello, estaremos en los estertores del PRI como lo conocemos.

Al tiempo.

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