La cosecha de Tarek

- en Opinión

Filiberto Vargas Rodríguez / Y todavía hay quien se pregunta: ¿Por qué no salieron sus compañeros, los diputados federales priistas de Veracruz a defender a Tarek Abdalá?

La respuesta es obvia. No lo hicieron porque temieron que en pleno diálogo con la prensa, les ganara la risa.

Todos (unos en mayor medida que otros, pero al final todos) deben haber brincado de gusto cuando supieron de la nota y fotografía divulgadas por el periódico Reforma en la que se vincula al actual diputado federal por Cosamaloapan, Antonio Tarek Abdalá Saad, con Francisco Navarrete Serna hoy en la cárcel, señalado como presunto jefe de plaza, en Tierra Blancal del Cártel Jalisco Nueva Generación.

Como la mayoría de los reportes que emanan de medios nacionales, la nota periodística cae en inexactitudes, como el hecho de sugerir que Navarrete Serna puso “en bandeja de plata” el triunfo de Antonio Tarek.

Como bien apuntó un analista político de Xalapa, la campaña del ahora legislador federal no fue patrocinada por el presunto capo del crimen organizado, sino por todos los veracruzanos, pues los recursos salieron de las arcas del Gobierno de Veracruz.

Con una licenciatura en “Prensa Estratégica y Relaciones Públicas”, en la Universidad del Estado de Arizona, en 2010 Tarek Abdalá pasó de un cargo directivo en la empresa Sheba Constructora e Inmobiliaria (cuyo apoderado legal era su padre, el ingeniero Hissam Abdalá Majamad) a responsable administrativo del DIF estatal, y de ahí, con la bendición de la señora Karime Macías de Duarte, fue promovido al cargo de Tesorero General del Estado, plataforma en la que sufrió el “síndrome de Aquiles”.

De pronto, de la noche a la mañana, se convirtió en el hombre más poderoso de la administración estatal. Todos los secretarios de despacho y directores administrativos le rendían pleitesía por una razón muy sencilla: Era “el del dinero”.

Todos los pagos, todos los contratos, todas las disposiciones de recursos tenían que pasar por él. Esa poderosísima posición, y su evidente cercanía con la pareja gobernante, lo encumbraron a tales niveles, que terminó sucumbiendo a las más bajas tentaciones humanas.

Hoy Tarek Abdalá cosecha lo que sembró como Tesorero del Estado. Hoy los que siguen en el gabinete, pero más aún, los que dieron el brinco al Congreso federal festejan que este tipo, quien no sólo llenó sus alforjas de dinero público, sino que él mismo se llenó de soberbia, sea expuesto como un delincuente.

En otros momentos, en otras circunstancias, quizá el Gobernador Javier Duarte hubiera podido ordenar que se le defendiera. Dos factores, sin embargo, hacen hoy inviable esa salida.

Cuentan que el sucesor de Tarek Abdalá en la tarea de manejar los fondos discrecionales del gobierno estatal, el subsecretario de Finanzas y Administración, Juan Manuel del Castillo, documentó ampliamente las pillerías del hoy diputado por la Cuenca del Papaloapan, al grado de que el propio Javier Duarte admitió, entre sus más allegados colaboradores, que se encontraba “muy decepcionado” de quien fuera tratado por él y por su esposa casi como un hijo.

Y aunque el Gobernador lo hubiera perdonado y estuviera realmente interesado en defenderlo de la metralla mediática, otro factor que juega en su contra es el momento actual.

Hoy ya Javier Duarte no es el que manda en Veracruz. Hoy los propios diputados federales, dolidos porque fueron utilizados como carne de cañón en la carrera sucesoria (algunos a los que se les insinuó que “podrían ser” y otros a los que se les exigió lealtad a ciegas) entienden que ya no tienen obligación alguna con quien fuera su jefe. Hoy lo que a ellos les interesa es mantener su posición en el centro y tender puentes con el candidato priista al mini-gobierno, Héctor Yunes Landa.

Ahora es cuando Tarek Abdalá voltea hacia atrás y se encuentra con el odio acumulado de sus compañeros de gabinete.

Si antes los engañaba prometiéndoles puntual asignación de los recursos, si antes los grillaba con la pareja gobernante, hoy debe asumir que no recibirá ayuda alguna, que tendrá que rascarse con sus propias uñas, las mismas uñas que le sirvieron en su momento para rascar el cajón.

Así es esto de la política. Hoy estás, mañana quién sabe.

Ojalá su caso sirva de ejemplo a otros que hoy tienen la varita mágica en sus manos.

¡Cómo les cambiará la vida cuando tengan que soltarla!

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