Édgar Hernández, ¿renuncia?

- en Opinión

Édgar Hernández* /

“No doy consejos: los inteligentes no los necesitan y los pendejos no hacen caso”, Miguel Alemán

Carlos Ferraez Centeno:

Siempre he creído que honrar la palabra es lo que más dignifica al hombre.

De verdad hubiera querido que, tal como acordamos, mi salida de la empresa radiofónica Avanoticias se hubiera dado como la pactamos, discreta, sin altisonancias, ni descalificaciones.

No fue así.

Tras mi renuncia a este consorcio radiofónico al cual le entregue lo mejor de mis empeños, fui objeto “al aire” de una serie de improperios que me obligan a defender mi postura profesional manifiesta a lo largo de 43 años.

Me abate la ruindad con la que se justifica mí salida.

Calificarme de poco profesional, de presentar información en el espacio que conduje por tres años como “carente de veracidad”, de  informar a la audiencia a partir de “rumores y chismes” y de solo  “satisfacer mi ego”, es totalmente inadmisible.

Que pena.

Con una ramplona expresión se pretende descalificar una larga, larguísima jornada reporteril que me llevó al reconocimiento de mi gremio y de los propios gobiernos federal, estatal, así como una prestigiada comunidad periodística internacional que acreditó mi labor como corresponsal de guerra.

Regreso a la memoria que fui el primero en dar la noticia del sexenio al “destapar” a José López Portillo, como candidato a la Presidencia, premiado además por la mejor entrevista del año al dictador Anastasio Somoza, Premio Nacional de Periodismo que me otorgó el gobierno de la república por mis reportajes de la guerra de Las Malvinas, el “Reportero del Año”, por mi trabajo periodístico en zonas de guerra y más recientemente, hace unos meses, “Medalla como Defensor de la Libertad de Expresión” a nivel estatal.

Por estos días, a pesar de que muchos se cuelgan el sambenito, escribí y difundí el “Destape” Héctor Yunes Landa.

Acaso por ello –anteponiendo una disculpa por vanagloriar logros profesionales que solo persiguen colocarme de manera digna ante el desprecio a mi trabajo- es que me resulta poco justo el pago ofensivo para este colaborador quien sirvió bien a una empresa más empeñada en los negocios que en preservar la libertad de expresión.

Y no menos justo no recibir un centavo de liquidación por servicios prestados. Simplemente al día siguiente ya no existes.

En realidad es la segunda vez que renuncio a Avanoticias.

Necio de mí, confíe en las voces de la empresa que hablaban del respeto a tan digna profesión.

La primera fue porque pretendieron por todos los medios impedir difundir, solo difundir, la noticia del asesinato de la periodista Regina Martínez y que solo tendría que remitirme a la lectura del parte oficial que nunca llegó.

Sin embargo, lo que precipitó mi salida de la emisora sucedió minutos antes de ir al aire el 3 de mayo del 2012 cuando me impidieron, casi a punta de madrazos, dar a conocer la noticia de los periodistas muertos en el puerto Guillermo Luna Varela, Gabriel Huge Córdova, de Notiver, Esteban Rodríguez, reportero del periódico AZ, y Ana Irasema Becerra Jiménez, de El Dictamen, cuyos cuerpos fueron encontrados el “Día Mundial de la Libertad de Prensa,” en bolsas de basura y que a la fecha se desconoce el motivo de su muerte.

En esta segunda ocasión lo fue so pretexto de un comentario “al aire” en torno al Oficial Mayor de la SEV, Vicente Benítez quien “presuntamente” asistió a una fiesta amenizada por una “teibolera”, que en realidad era una maestra obligada a cambio de una plaza.

Una irrelevancia, acaso solo el pretexto para obligarme a dejar el espacio.

Y es que una vez dicho el comentario se me comunica la molestia del concesionario, como si Benítez no tuviera otras fechorías de daño patrimonial a Veracruz, estas sí, más graves y de permanente denuncia e investigación al más alto nivel.

Fue entonces cuando recibí la orden expresa de que a partir de ese momento tendría que colocarme un bozal, a no salirme del guión oficial y asumir el papel que más les agrada, lector de boletines, situación a la que categóricamente me negué.

No podía, no debía renunciar al espacio de pluralidad que había ganado a contracorriente.

Ya en repetidas ocasiones había recibido serias advertencias en torno a la columna periodística que escribo para periódicos y redes sociales, “Línea Caliente”.

Me reclamaban moderación cuando nada tenía que ver la columna política con el espacio radiofónico, a “bajarle dos rayitas”, a escribir bien del gobernador Javier Duarte, para que pudiera ocupar la comisión de periodistas que estaría vacante una vez que se fuera Namiko Matsumoto, a la Comisión Estatal de Derechos Humanos, según el dicho del propio Carlos Ferraez.

Decliné.

Las presiones siguieron al grado de cobardemente señalarme que había recibido dinero de parte de Juan Antonio Nemi, por entrevistarlo en mi espacio, situación que desde el pasado fin de año me puso al borde de la renuncia.

“Tienes que dar una prueba de apoyo al gobernador”, me decía a quien hoy le escribo esta epístola.

Lo rechacé cortésmente sin romper y en algún sentido dividí lo que era informar y comentar de manera amena para la radio y escribir con el rigor respectivo para la columna política “Línea Caliente”.

Fueron muchos los avisos de censura, de amordazamiento, de impedirme concertar entrevistas donde se hablara mal de régimen, de ser muy cuidadoso en mis mesas de análisis, de no salirme de la “escaleta” y de cuidar los intereses del patrón.

“El es el dueño de los fierros, entiéndelo”, me decían un día sí y el otro también.

Acredite, a pesar de las limitantes, un espacio de interés, de alto rating, el más comercializado de todos sus informativos, según su área respectiva y con un importante grado de penetración, según el concesionario.

Acaso fue la autocensura de la empresa, la cual nunca, nunca compartí. Acaso fue la urgencia de no arriesgar más ni atentar contra el negocio o tal vez fue esperar este momento que finalmente se dio so pretexto de no tocar ni descalificar al pillo de Vicente Benítez.

En el fondo asoma la mano de Palacio de Gobierno con quien hace años deje de tener relación con el consecuente hackeo de mi portal y tantas agresiones de carácter familiar y personal.

En fin, señor Ferraez habíamos quedado a través de su amanuense, en un retiro discreto. No lo fue. Quien faltó a la palabra fue usted, no yo. Cuando usted nació yo ya era Premio Nacional de Periodismo. Es cuanto.

 

* Premio Nacional de Periodismo

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