De la estridencia a la mesura

Yunes
Héctor Yunes Landa y Miguel Ángel Yunes Linares
- en Opinión

Filiberto Vargas Rodríguez / Tiene razón Miguel Ángel Yunes.

La casa que pretende limpiar su primo hermano, Héctor Yunes Landa, es en la que ha morado toda su vida política. Es la misma que él, Miguel Ángel, abandonó dando un portazo, cuando no le concedieron el capricho de ser candidato a la gubernatura, allá por el 2004.

En ese entonces, el jefe de la dinastía Yunes Márquez defendía a muerte al partido tricolor, en el que ocupó posiciones relevantes, pues además de ser dirigente en la entidad (con estrepitosa derrota electoral) fue representante jurídico en el comité nacional, allá en los tiempos de gloria de Elba Esther Gordillo.

Se equivoca, sin embargo, al señalar que su pariente se mantiene en ella en silencio. Si algo se le ha criticado al hoy precandidato del PRI es su estridencia y sus “malos modos” con quien hoy gobierna Veracruz, en un discurso que el hoy panista Yunes Linares creyó que era sólo suyo.

Tal vez no falten los ingenuos que esperaban que Héctor Yunes se parara frente a los cientos de priistas (no fueron miles porque no cabían en el auditorio Jesús Reyes Heroles de la sede estatal del PRI) y tachara de ratero al Gobernador, y a todos sus colaboradores y prometiera ahí mismo que los meterá a todos a la cárcel.

Ya siendo Presidente de México, en el colmo de la torpeza, más que del cinismo, Vicente Fox admitió que mintió al hacer sus compromisos de campaña. Dijo que cuando estaba en busca de los votos que lo llevaran a la Presidencia hablo de “lo que la gente quería escuchar”, no de lo que él pretendía hacer.

Es cuestión de estilos.

El discurso de Héctor Yunes no fue, en ningún momento, conciliador. Habló de la “urgencia” (“no hay tiempo qué perder”, dijo) de limpiar la casa, lo que permite deducir que la encontró muy sucia.

Prometió que no le temblará la mano, con lo que anticipa que podría encontrarse con tareas que requieran de toda su fortaleza de ánimo y su valor, pero aclaró que no lo mueve el odio. Lo que les está diciendo a quienes hoy integran el gobierno estatal, es que si procede contra ellos, no es por razones personales, sino producto de esa necesidad de “limpiar la casa”.

A pesar de las constantes embestidas de Yunes Linares contra su primo hermano, no termina de convencer el cariz que está tomando la contienda electoral. Faltan las propuestas, falta el discurso constructivo.

Al margen de las deficiencias que seguramente tiene la actual administración estatal, la campaña por la gubernatura no se puede convertir en una competencia para ver quién critica con más ardor, con más imaginación al gobernador.

Alguien tiene que pasar del obligado señalamiento, a la oportuna propuesta, al bosquejo de un gobierno diferente.

Nada garantiza que el que grite más fuerte será el ganador.

La unidad y la inclusión, las premisas que planteó Manlio Fabio Beltrones para que el PRI gane en Veracruz, se tiene que dar en los hechos. En su equipo de campaña deben figurar, destacar, personajes que en su momento se pronunciaron por Pepe Yunes, por Alberto Silva, por Érick lagos, por Adolfo Mota, por Tomás Ruiz. Vaya, ¡hasta los que apoyaban a Jorge Carvallo!

Al final del día todos son priistas y todos estarán dispuestos a sumar sus talentos por el proyecto de su partido, un proyecto que hoy encabeza Héctor Yunes.

Sumar es lo que necesita ahora Héctor Yunes Landa.

Qué bueno que siga ignorando el golpeteo mediático de su pariente.

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