Cuando el dinero vale más que la vida

- en Opinión

Zaira Rosas / Malecón Tajamar es el proyecto inmobiliario que logró desaparecer más de 50 hectáreas de zonas naturales, acabando con un manglar que albergaba múltiples especies de flora y fauna. Aun cuando los habitantes se oponían a su destrucción, los empresarios consiguieron todo tipo de permisos y respaldo gubernamental para seguir con el proyecto, bajo la justificación de que se trata de un gran complejo turístico que beneficiará a la población.

El Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur) asegura que se cumplieron todos los requerimientos ambientales, el proyecto incluso se presentó a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, quienes desde el 2005 otorgaron los permisos necesarios, los cuales vencen el 8 de febrero de 2016 (de ahí la urgencia de acabar con todo). Fonatur afirma que Malecón Tajamar, generaría 5,166 empleos directos, 10,332 indirectos y que el beneficio económico supera los 11,500 millones de pesos.

Al pensar en números que directamente repercuten en la población, algunos podrían pensar que es tolerable el ecocidio, sobre todo en la situación actual en la que cada vez es más difícil encontrar un empleo, quien lo encuentra tiene que complementarlo con otras actividades, y cada vez hay más jóvenes en búsqueda constante de oportunidades. Sin embargo, detrás de los beneficios planteados están miles de cadáveres, un ecosistema completo devastado y la complicidad de figuras gubernamentales que permitieron que se arrasara con toda la vida del lugar, porque en algunos casos los mismos políticos están ligados a las empresas que participan en el complejo turístico.

El tema ha causado una indignación que trasciende fronteras, en redes sociales se volvió viral, en twitter fue trending topic alcanzando más de 76 mil menciones. Uno de los tweets escrito mencionaba: “El dinero no lo es todo, cuando no haya biodiversidad. ¿Cuánto valdrán las monedas y los billetes?” y esta pregunta debería ser punto de reflexión junto con otros temas. Porque no es la primera vez que el dinero se antepone a cosas que deberían ser más importantes.

Y en toda tragedia siempre hay un grupo que sabe sacar ventaja, en este caso el Partido Verde Ecologista quiso llegar a clausurar de manera simbólica las obras para mostrar su apoyo a los activistas y hacer gala de sus leyes en pro del ambiente, los activistas exigieron una clausura real y que al igual que ellos defendieran el lugar en medio del calor, los mosquitos, enfrentando a los policías y no desde un hotel de lujo para sólo aparecer un día sin saber nada del lugar.

Este tipo de proyectos debería ser estudiado a conciencia, encontrar un punto medio entre la vida y el desarrollo de nuevas oportunidades, pues con la tala indiscriminada del manglar además de especies de cocodrilos, iguanas, aves y serpientes, se acabó con una barrera natural ante inundaciones, un ecosistema que impedía la erosión de zonas costeras y que actuaba como filtro natural manteniendo la calidad del agua. ¿Vale la pena acabar con todo esto?, el tema sigue en discusión de momento las obras se han suspendido y el 26 de enero se llevará a cabo la primera audiencia para determinar una posible suspensión definitiva, de ser así el ecosistema podría regenerarse pero en 30 años y no hay certeza de que se logre.

Tajamar quizás sea el caso del momento, pero no es el único, Quintana Roo está siendo escenario de una devastación ecológica, algunos podrán pensar que no nos corresponde decir nada porque “no nos afecta” pero los mayores atropellos en la historia han ocurrido por eso, porque nadie apoya las causas que a gritos piden ayuda, sino apoyamos de una forma u otra y seguimos fingiendo que no pasa nada, nos volvemos cómplices.

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