Política y congruencia

- en Opinión

Filiberto Vargas Rodríguez / “En varias ocasiones (el Presidente) Gustavo Díaz Ordaz, con el que tenía una intensa relación política, le preguntó si sabía que Manuel Ávila Camacho, hijo de padre español, y Adolfo López Mateos, hijo de padre guatemalteco, no cumplieron en su momento con el requerimiento constitucional de no ser hijo de padres extranjeros como condición para llegar a la Presidencia. Le preguntaba eso porque Jesús Reyes Heroles era hijo de españoles. ‘¿Usted en definitiva se descarta?’, le preguntó Díaz Ordaz. ‘Sí, presidente, creo que el principio constitucional es correcto y además déjeme decirle, de no haber impedimento constitucional yo me inventaría uno”.

Este es un fragmento de las memorias de Federico Reyes Heroles, plasmadas en su más reciente obra, “Orfandad”, en la que plasma, desde su visión y sus recuerdos, la vida de Jesús Reyes Heroles el político, el estadista y el padre de familia.

El pasaje arriba narrado da muestras de una de las grandes fortalezas del político oriundo de Tuxpan, Veracruz: Su congruencia.

Actuaba como creía que debía hacerlo, convencido de que era lo mejor.

El pasado sábado la organización política Vía Veracruzana festejó 18 años de existencia, con su ya tradicional comida de fin de año. Su fundador, Felipe Amadeo Flores Espinosa, se remontó a las circunstancias políticas que vivía Veracruz 18 años antes:

“En aquel diciembre de 1997, tres meses después de que el PRI había perdido más de un centenar de alcaldías, a la desazón de la derrota se sumaba el riesgo de la fractura, la exclusión y la revancha”, narra el fundador de esta organización, quien con gentileza evita ponerle nombre y apellidos al autor de ese descalabro sin precedentes para el priismo veracruzano: Miguel Ángel Yunes Linares.

“Vivimos una crisis política que amenazaba, por primera vez en la historia del estado, con llevarnos a la derrota en la elección de Gobernador que se celebraría al año siguiente. Fue entonces que grupos políticos de todo el estado nos reunimos en torno a un proyecto, sin protagonismos, sin mayor propósito que recuperar la unidad del partido y la confianza de los veracruzanos”.

Amadeo Flores Espinosa es, también, un político congruente, que empata sus dichos con sus acciones. Político y servidor público de carrera, Amadeo es notario público, ha sido maestro de Derecho Penal, fue diputado local en dos ocasiones y diputado federal también dos veces.

Pero también fue agente del Ministerio Público y procurador de Justicia; fue magistrado del Tribunal Fiscal, Director de Seguridad Pública y titular del Consejo Estatal de Seguridad. Fue secretario de Gobierno y fue presidente de su partido de siempre, el PRI.

Por eso hay que revisar con mucha atención lo expresado en su mensaje, cuando advierte: “No podemos permitir que una falsa confrontación o la autosuficiencia, vuelvan a poner en riesgo una elección, en la que está en juego el futuro de generaciones de veracruzanos. Que quede claro, sin unidad, no hay futuro”.

Es necesario detenernos a pensar en su llamado cuando dice: “Veracruz no es la patente política de grupos; Veracruz no tiene dueño, Veracruz nos pertenece a todos”.

El Gobernador Javier Duarte, miembro activo de esta asociación política, estuvo presente en el evento, retomó las expresiones de su amigo Amadeo Flores y dejó claro cuál es la vía para el impulso de Veracruz:

“Es la vía de la unidad, es la vía de la concertación, del trabajo, es la vía de la inclusión, en donde todos cabemos, en donde nadie sobra”.

Ahí, frente a dos de los tres más claros aspirantes a sucederlo el próximo año (el senador Héctor Yunes y el diputado federal Alberto Silva), Javier Duarte sentó las bases en las que debe estar recargada la transición dentro de su partido.

Habló de “crear los acuerdos políticos fundamentales que permitan avanzar unidos hacia la prosperidad”, y explicó que “la única vía para lograrlo es el diálogo político y la búsqueda de acuerdos”, y concluyó con un llamado para “encontrar las coincidencias en lo fundamental, dentro de la pluralidad”.

Cuenta Federico Reyes Heroles:

“… Una tarde como cualquier otra, don Jesús (Reyes Heroles) pidió a su esposa y sus dos hijos que se sentaran en la sala de su casa. Desencajado, les soltó la mala nueva: ‘me voy a morir”. Luego se marchó de su casa para citarse con el Presidente, Miguel de la Madrid (su antiguo alumno de facultad). Le dio su renuncia como Secretario de Educación y se fue resignado a morirse”.

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