El crimen de la Narvarte

- en Opinión

Filiberto Vargas Rodríguez / El último día del mes de noviembre, luego de casi cuatro meses de que ocurriera el homicidio múltiple de la colonia Narvarte, en la ciudad de México, la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) anunció que emitiría dos recomendaciones, por las filtraciones de información y por la violación a las medidas precautorias en ese caso. Las recomendaciones van dirigidas a la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal y al Tribunal Superior de Justicia capitalino.

Perla Gómez gallardo, titular de la CDH del DF, señaló que sus visitadores pudieron documentar la violación a las medidas precautorias por las filtraciones que se detectaron en medios de información, donde había incluso fotografías de extractos de la investigación.

Dijo que esperan un castigo ejemplar por esas filtraciones e incluso el procurador Rodolfo Ríos Garza, le informó que abrió una averiguación previa para indagar al interior de la dependencia.

Pero es, precisamente, gracias a esas filtraciones, que se tiene conocimiento que el caso ya está prácticamente cerrado. Fueron identificados, ubicados y detenidos los tres sujetos que participaron en el homicidio múltiple; se conoce el móvil y la manera en que huyeron.

Las cámaras del gobierno capitalino mostraron que los homicidas huyeron hacia el sur de la ciudad por Calzada de Tlalpan. Un testigo que convivió algunas horas con quienes presuntamente asesinaron a las cinco personas fue clave. Este joven, identificado como “Arturo”, estuvo en el departamento de la calle Luz Saviñón, desde la noche del jueves hasta unas horas antes de que fueran perpetrados los homicidios y ayudó a esclarecer los hechos.

La procuraduría capitalina detuvo primero a Daniel Pacheco y a Abraham Torres Tranquilino, pero ninguno aceptó haber disparado. Más tarde capturó al tercer implicado. A él lo señalaron como la última persona en salir del departamento. Tras la aprehensión de César Omar Martínez Zendejas, se pudo aclarar el móvil.

Los tres detenidos negaron que conocieran con anticipación a los hechos al fotógrafo Rubén Espinosa, ni a la activista Nadia Vera. Los tres admitieron que el móvil del ataque fue la droga.

Lo que se desprende de sus declaraciones es que la joven colombiana Mile Virginia Martin se dedicaba a la prostitución y a la venta de droga y que el vehículo Mustang rojo robado era de ella. Los peritos hallaron, tanto en el auto como en el departamento y en los exámenes forenses a las víctimas, rastros de mariguana y cocaína.

¿Por qué tantas dudas?

¿Por qué la lentitud de la procuraduría capitalina para revelar los resultados de la investigación?

Sencillo. En un principio resultaba cómodo y hasta conveniente dejar que creciera la versión de probables actos de represalia contra el fotógrafo y la activista. Esa línea de investigación deslindaba a las autoridades capitalinas del asunto, y se dejaba a un lado el verdadero móvil: el tráfico de drogas, tema que el jefe del gobierno del Distrito Federal, Miguel Mancera, suele evadir.

Los detenidos, interrogados por separado, ayudaron con sus contradicciones a reconstruir los hechos y cerrar tan lamentable caso.

Quedaron fuera de esta investigación, y deberían ser motivo de un trabajo muy serio por parte de las autoridades de Veracruz, las razones por las que Rubén Espinosa y Nadia Vera abandonaron la entidad veracruzana.

Antes de morir ambos señalaron que lo hacían debido a las amenazas recibidas.

¿Quién los amenazó? ¿A quién le interesaba que estos dos personajes, de muy bajo perfil en Veracruz, dejaran este territorio?

Los responsables de estas huídas no habrán sido los que los mataron, pero si provocaron, de forma indirecta, que aparecieran ambos en el lugar y el momento inadecuados.

¿Quiénes fueron?

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