Ser maestro frente a grupo

- en Opinión

Luis Ortiz Ramírez / Uno de los trabajos más nobles que existen en México, es ser maestro frente a grupo. Enseñar es una labor que requiere muchos sacrificios, sobre todo cuando  se tiene muy presente el compromiso con la sociedad de formar generaciones de mejores ciudadanos comprometidos con su familia y comunidad. En el caso de un arquitecto que se equivoque, puede derrumbar la construcción y corregir, el ingeniero puede tirar y volver a levantar el puente, el panadero  que por descuido queme el pan, puede volver a hornear una nueva pieza, no obstante la materia prima del maestro es el ser humano, el maestro que cimiente mal o siembre semilla equivocada en el corazón de sus estudiantes le marcará para toda la vida, he ahí la complejidad de su tarea.

En esta vorágine de reformas e incertidumbre, sería un grave error que el maestro se conformara con ser  un simple facilitador que combine sus años de experiencia con diversas estrategias para lograr que sus estudiantes puedan alcanzar las competencias necesarias que se requieren para aprobar y pasar año, se requiere que el docente  cuente con vocación y amor por su trabajo.

Ser maestro en nuestro país implica ser mal comprendido por las propias autoridades y una gran parte de la sociedad mal informada. De flojos y revoltosos no los bajan, sin embargo se debe reconocer que la historia siempre ha puesto como protagonistas principales a los maestros; recordemos que los primeros que se opusieron al régimen porfirista fueron precisamente los maestros, algunos participaron al lado de grupos revolucionarios como ideólogos, escribanos, secretarios y consejeros de los jefes.

Lo cierto es que  maestro es mal pagado, percibe un salario por debajo del costo de la canasta básica, su nivel de vida ha perdido categoría y calidad, sus derechos de estabilidad laboral y permanencia han sido lesionados por la clase empresarial incrustada en el gobierno federal, el docente ha sido estigmatizado por los medios de comunicación electrónicos, apéndices del poder en turno.

Lo que   gran parte de la sociedad no sabe,  es que el docente después de pasar 6 o más  horas frente a grupo, su trabajo no termina ahí, el maestro tiene que  llevar a la casa pruebas y exámenes que corregir y dedicar dos o tres horas para preparar sus planes de clases del día siguiente, si añadimos la carga burocrática y administrativa que ahora les exige la “Reforma Educativa  el maestro dispone de muy poco tiempo para su propia familia.

Hoy pocos quieren ser maestros, existen dificultades para llenar las escuelas normales del país, a nadie le llama la atención ni se siente motivado a trabajar en una labor tan delicada y con tan poco salario, pero a la vez tan importante para la sociedad. A pesar de  estos tiempos de agitación, la “Reforma Educativa”, abre el abanico magisterial a profesionistas ajenos a la docencia, profesionistas que ocuparan el lugar de muchos normalistas. La usencia de la didáctica en las aulas seguramente traerá graves consecuencias.

Finalmente cuando el docente llega a la edad jubilatoria, va cargando en su mochila un cumulo de  enfermedades crónicas como artritis, disfonía, presión alta y estrés en muchos casos.

Por todo esto se esperaría que las autoridades, reconocieran   esta importante labor magisterial  pagando las  pensiones a tiempo, que la atención de los centros de salud fuera digna para estos maestros que educaron  a nuestros hijos, no obstante la realidad demuestra  que el maestro  no es reconocido por su labor docente.

Ese es el precio que recibe una persona que entrego su vida por la educación, pero a pesar de todos estos inconvenientes existen miles de maestros que se llevan el reconocimiento de sus alumnos, y seguramente si volvieran a nacer, elegirían de nuevo ser maestros frente a grupo.

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