Mudanzas

Mudanzas
Donald Trump en su primer mensaja presidencial como mandatario de los Estados Unidos FOTO: NUEVO HERALD
- en Opinión

Yuri Alejandra Cárdenas Moreno /

“Hoy voy a cambiar
Sacar a luz mi coraje
Entregarme a lo que creo

Y ser siempre yo sin miedo
Bailar y cantar por hábito
Y ver claro en vez de oscuro
Desarraigar mis secretos
Dejar de vivir, si no es por vivir la vida
Que grita dentro de mí, mi libertad

Hoy voy a cambiar
Salir dentro de mí no ser solo corazón
Dejar y parar fracasos
Soltar los brazos y libertad que oprime mi razón
Volar libre con todos mis defectos

Para poder rescatar mis derechos
Y no cobrarle a la vida caminos y decisiones
Hoy quiero Y debo cambiar
Dividirle al tiempo y sumarle al viento
Todas las cosas que un día soñé conquistar”

Hace un par de minutos concluyó el mensaje de Donald Trump a su nación. Los sentimientos son encontrados. Oírlo hablar recuerda a Chávez, pero también a Hitler. Explicó los puntos de su agenda de una manera que sonaba tan sencilla, tan fácil y sobre todo tan “patriota”, que casi logró hacerme sentir que sus palabras no eran disparates, sin embargo, un discurso es sólo eso, y no hay que olvidar al hombre de negocios que habita dentro de él. Además, yo vivo del otro lado de su muro. Lo que haga Trump en “América” no debería asustarnos ni condicionarnos más.

Creo que este es el momento histórico en el que México tiene una oportunidad de madurar y de crecer. El marido golpeador está echando a su mujer de casa, ya no la quiere retener a su lado para seguir abusando de ella, como un despojo la tira a la calle y lo que sigue a continuación depende de ella.

México ya aceptó durante casi un siglo las imposiciones de un país que limitó nuestras oportunidades de crecer, de fortalecernos y desarrollarnos en diversos sectores. Nuestros gobernantes uno tras otro aceptaron la política del “buen vecino”, que no era otra cosa que aceptar migajas de una relación impar, ser el socio minoritario y el miembro incómodo de los tratados de comercio.

México se pasmó por la incapacidad de sus gobiernos de impulsar el comercio interno, mejorar las condiciones de vida de sus ciudadanos, mejorar su educación, de acabar con la corrupción en vez de alimentarla más. La razón por la que millones de mexicanos migraron al país vecino, el del “sueño americano” tiene su origen aquí mismo.

Culpables somos todos, las clases medias educadas y la clase gobernante. Injusto sería culpar a las clases más bajas, que crecieron sin educación cívica, nacieron en el país del “que no tranza no avanza”, en el país de la discriminación a pobre por “naco”, y ningún gobierno, ningún partido, los ayudó a salir de esos conceptos dándoles vivienda, salario y educación dignos. Todos los demás sí somos culpables, los profesionistas, los burócratas, los empresarios, los empleados, los medios de comunicación masiva, los ricos inversionistas, los banqueros, y claro, los gobernantes. Los que juntos hemos comido en el festín de la corrupción, los que no hemos querido salir a votar, los que vendimos el voto, los que votamos por el “más buena onda”, los que no leemos, los que no estudiamos con gusto por hacerlo, los que sólo sabemos acerca de nuestra profesión pero nada más; los que tenemos hijos y no los enseñamos a amar el conocimiento y el esfuerzo, los que no sabemos defender lo que es nuestro porque ni siquiera tenemos el concepto de soberanía bien insertado en la psique. Todos nosotros pusimos a los tecnócratas en la cima, sin entender lo que hacíamos, sin pedir que alguien nos explicara lo que estaban haciendo. No que sus propuestas fueran malas, pero sí erróneas en un país que apenas estaba en pañales, que no tenía un campo fuerte, que tenía una incipiente industria, muchas desigualdades sociales y un pésimo sistema educativo y cultural.

Trump planea “hacer a América grande otra vez”, pero si uno se pone a pensar, los Estados Unidos ha sido un país que muy a su manera ha logrado niveles de bienestar social para muchos más de los que nosotros podemos contar. Y sí, un país que recibe cientos de miles de nuevos habitantes cada año, llega un momento en que empieza a tropezar y a querer volver a otras épocas. Cierto es que allá también tienen indigencia, pobreza, analfabetismo, pero eso lo hay en todas partes del globo. Y no es defensa del país vecino, es crítica constructiva. Ellos pudieran hacer de su nación un papalote, pero aquí en casa es donde deberíamos empezar a componer las cosas.

No es imposible, porque a pesar de todas las miserias, este país es pródigo. En frutas, verduras, minerales, hidrocarburos, agua, ecosistemas, climas aptos para la agricultura, extensión territorial; y su gente no está perdida del todo, tenemos muchos científicos de renombre, jóvenes pensadores, economistas destacados, empresarios de talla mundial, deportistas de alto rendimiento, músicos aclamados en todo el mundo, etc, etc. No somos ratones, pero nuestros gobiernos, nuestras televisoras y el gobierno vecino así han querido hacernos sentir desde siempre para que no nos demos cuenta de todo esto que tenemos y no se nos ocurra pensar que podemos explotarlo.

¡Ya quisiera Cuba haber tenido una centésima parte de nuestros recursos durante todos los duros años del embargo comercial!, risa le hubiera dado el veto, hoy sería potencia mundial.

Los desplantes y las políticas de Trump son buenos para México, sólo si México decide darle la vuelta a la tuerca.

El marido golpeador echó a su mujer a la calle, y ella, golpeada, humillada y abandonada, debe decidir si lo que sigue es llorar en la puerta del marido, por días y días hasta que él vuelva a abrir la puerta y la deje regresar al miserable hogar de violencia que es lo único que conoce; o la otra versión, la de irse de ahí, aprender a vivir sola, a valerse por ella misma, a conseguir trabajo y empoderarse, a ponerse guapa, enamorar a un hombre más decente que la trate bien, dejar atrás su lamentable pasado y resurgir hermosa e independiente.

Esa mujer es nuestra Patria, somos todos los mexicanos. La decisión es nuestra.

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