Las guerras del PRI

PRI
PRI Veracruz
- en Opinión

Luis Ramírez Baqueiro / 

“Bien es sabido que la ambición tanto puede volar como arrastrarse.” – Churchill.

Tras la presentación del Acuerdo para el Fortalecimiento Económico y la Protección de la Economía Familiar, que encabezarán el presidente Enrique Peña Nieto y todos los actores del tinglado económico del país en la Residencia Oficial de Los Pinos, con la excepción de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), confirman que las guerras del PRI, han comenzado.

Y si, al presidente le gana el tiempo en la encrucijada en que colocó a su administración, así como a su partido, tras llegar la resaca producto de una borrachera de al menos 4 años, en donde la percepción ciudadana, lo mantienen al borde del parapeto que lo conducirá a una caída sin fin, en el abismo que poco más de 87 años de gobierno decantaron.

Para el Ejecutivo, el hartazgo de lidiar con toda la presión que representa ser jefe de las instituciones del estado mexicano, aunadas a la serie de actos de corrupción que durante su administración se han visto solapadas, encubiertas, y hasta favorecidas lo colocan en una posición de franca desventaja.

El escenario económico mundial -evidencia del colapso del neoliberalismo- están forzando al aparato a revivir modelos pretéritos que permitieron dar una simulada estabilidad económica, para después, en un descuido, provocar la debacle del efecto Tequila del 94.

Para el mandatario es más fácil dejarse guiar, que usar un criterio propio, una postura suya, que demarque su gestión a una copia burda del Salinato.

Para quienes lo vivimos y los sufrimos, los efectos provocados por el pacto de estabilidad y crecimiento económico (PECE) de 1988 impulsado en un arranque por el entonces presidente de México Miguel de la Madrid, recordaremos que tuvo como objetivo de detener el incremento de los intereses, la inflación y la devaluación de la moneda.

Dado el cambio de Gobierno, el verdadero artífice del pacto, Carlos Salinas de Gortarí lo reforzó en 1989 generando en lo inmediato un éxito importante -solo que debemos recordar que México y sus circunstancias eran otras- pues se pudo detener la inflación a través del deslizamiento del peso frente al dólar; incremento del salario entre 6% y 8%; aumentó el precio de productos y servicios de sector sin contemplar gasolina, electricidad ni gas, que tiene mayor impacto en la inflación; defendió la estabilidad de precios; promovió el crecimiento económico; estimuló la producción agrícola por medio de la canalización del crédito público y renegocio la deuda externa.

El pacto creado en su momento por los mismos actores que ahora casi 30 años después entre gobierno, productores, comerciantes y consumidores, han pretendido vender, tiene como fondo el compromiso de no incrementar impuestos, costo de luz, combustibles, agua y teléfono (industrias controladas por el gobierno), en cambio el productor de igual manera se comprometía a mantener precios de sus productos, los comerciantes de igual modo no incrementarían precios a los consumidores y los consumidores no demandarían más incrementos salariales.

Pero la situación será quebrada evidentemente por la clase trabajadora, quien se no detendrá ante las presiones que el mercado le imponen, y es que el valor adquisitivo, será el factor que maximice el problema provocando con ello esa interminable espiral inflacionaria que habrá de llevarnos a una severa crisis.

Así las guerras en el PRI habrán de desatarse, pues la carrera por la renovación de alcaldías en Veracruz, tres gubernaturas -Coahuila, Estado de México (la joya de la corona) y Nayarit pondrán al partido al borde de la posible extinción.

Y es que por más que intenten los priistas tienen como nunca todo en contra para encarar la confirmación de una derrota vaticinada, que los tendrá con medio cuerpo fuera de la misma presidencia, quizá por ello, hubo necesidad de lograr un acercamiento con Morena y su líder Andrés Manuel López Obrador, para después distraer la atención con los eventos resultado del gasolinazo.

De ese modo, el caso Veracruz resalta, la perversión del priismo en su afán por recuperar lo perdido, los llevará a comenzar a tentar a Dios y al Diablo.

Se dice que cierto Cónsul mexicano ha ofrecido su carrera política en prenda en harás de recuperar para sus huestes Veracruz, para ello, renunció, sin miramientos al taciturno dirigente estatal, Felipe Amadeo Flores Espinosa, que solo recibió el oxígeno que el Duartismo pudo darle, para sus conveniencias, pero que por segunda vez confirmó que su función como cabildero partidista mucho de los tiempos en que todo estaba decidido y solo se levantaba el dedo.

Ahora, a las oficinas ubicadas en Ruiz Cortínes habrán de llegar dos tipos de gallos, uno ligado a ese malévolo plan, representado en un activo que ya hubiera servido al Peñismo en un momento de crisis – Flavino Ríos-; el otro, la apuesta para el futuro renovador del PRI, de la mano con el delegado del ISSSTE, Renato Alarcón Guevara, quien formado y preparado en el PRI de oposición ha demostrado que no todo, esta podrido en ese instituto político.

Sextante

Algunos ya andan calientes por alzarse con la candidatura a la alcaldía de Xalapa, por cualquier instituto político, ya sea azul, amarillo, rojo o moreno, la cosa es amarrar plataforma, de forma tal que da lo mismo emprender campañas y guerras pírricas en algunos medios, para desacreditar a oponentes embarrando con ello a familiares, amigos, etc.

Para ello sería bueno recordarles a esos mensajeros que manejan dichas versiones que dice el sabio refrán, “mano que te da de comer, no has de morder, porque el chipo te han de romper”.

Ballestina

Dicen que a los Chedraui -los de la familia está de acuerdo- ya les gustó eso de la política, se sabe que Alfredo está detrás de un grupo de empresarios que avalan al empresario mueblero Nicanor Moreira.

Al tiempo.

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