Ni corrupción, ni populismo

Populismo
Boca del Río, Ver. El gobernador del Estado, Miguel Ángel Yunes Linares FOTO: AGENCIA FOTOVER
- en Opinión

Rafael Pérez Cárdenas / Cuando están por cumplirse dos semanas del inicio del nuevo gobierno, la cosa sigue igual. Es cierto, todos sabíamos que no habría fórmulas mágicas para resolver en el corto plazo el desfalco criminal realizado por la delincuencia organizada encabezada por Javier Duarte –o al menos ese es el delito por el que lo siguen buscando-, pero al menos estábamos esperando que las ideas fueran más que los discursos.

Los alcaldes no han recibido el dinero que se les debe –sólo que ya no duermen en Palacio de Gobierno-; la Universidad Veracruzana y el OPLE tampoco. La burocracia ha dejado de salir a las calles a protestar porque mucha ya fue despedida y el resto están esperando, al menos, conservar su trabajo. Lo mismo pasa con los acreedores, muchos de las cuáles esperaban recuperar algo de su deuda, pero que hoy tienen que demostrar que tal pasivo es real y legítimo. Eso es correcto, pero la deuda sigue ahí.

El efecto del golpe mediático de haber actuado de facto como Fiscal del Estado para recuperar bienes y dinero a favor de las arcas públicas se diluyó rápidamente, por una razón muy sencilla: se trató de una justicia selectiva –nunca se dijo quién y cuánto devolvió-; nadie ha sido procesado formalmente por la Fiscalía; lo devuelto es muy poco respecto de lo que realmente se llevaron; y no logró aliviar siquiera los compromisos más urgentes del gobierno estatal.

Al Gobernador Miguel Ángel Yunes Linares parecen acabársele las ideas, si es que alguna vez las tuvo. A cambio de soluciones reales, posibles y efectivas, está recurriendo a un populismo falaz que si bien lo ayudó en campaña, hoy se puede convertir en su talón de Aquiles. Basta mencionar, por ejemplo, el anuncio hecho ayer de que el gabinete no cobrará su sueldo hasta que haya recursos y que promoverá la desaparición de 236 regidurías para ahorrar unos 137 millones de pesos al año.

Ni lo uno ni lo otro suena bien. En el primer caso, no es un acto de solidaridad social sino de manipulación mediática que raya en la ilegalidad. Cualquier trabajador tiene derecho a una remuneración. La población no quiere de funcionarios que se “sacrifiquen” voluntariamente, sino que sean capaces de resolver los problemas de los que son responsables.

En realidad, tras esta iniciativa, se esconde la pretensión de cubrir los adeudos de la burocracia en “abonos chiquitos, para pagar poquito”. Así, muchos burócratas no serán los únicos con sueldos pendientes, también “el gabinetazo”. Así que todos se aguantan.

Y lo de los regidores es un verdadero embuste. Aunque es cierto que muchos municipios cuentan con una estructura administrativa obesa e ineficiente a causa de la integración de sus cabildos –muchos de los cuáles superan la representación establecida en la ley, es decir, tienen más regidores de los que su número de población permite-, lo cierto es que eso no se puede hacer ahorita. Me explico.

Según se establece en la Constitución, una vez iniciado un proceso electoral no se permite hacer reformas que intervengan en el resultado del proceso, en este caso, de la integración de los cabildos. Estos cambios de fondo debieron realizarse al menos cinco meses antes del inicio del proceso, es decir, en el pasado mes de junio.

Lo que hoy ofrece el Gobernador Yunes como una solución económica, no tiene sustento jurídico ni administrativo. La reducción del número de regidores en los Ayuntamientos veracruzanos sólo podría hacerse efectiva hasta el 2021, una vez que las autoridades municipales que serán electas en junio próximo concluyan su mandato. ¡Estamos hablando de la mitad de la administración estatal 2018-2024! Para entonces, como decía mi abuela, pájaros nuevos habrá. ¿Para qué engañar entonces?

¿Y que ha pasado con el gobierno estatal? Nada. La estructura administrativa se mantiene intacta, a pesar de que es de sobra conocida la duplicidad de funciones que existe entre las dependencias y muchos organismos públicos descentralizados, la mayoría de ellos quebrados. ¿Tiene sentido mantener la Comisión del Papaloapan, el Inverbio, el Instituto Veracruzano de Desarrollo Municipal o los tantos fideicomisos que manejan las dependencias?

No hay mecanismos para establecer un ahorro efectivo del gasto público ni tampoco para aumentar los ingresos propios. De esta forma, seguimos dependiendo del socorrido rescate de la Federación, sin propuesta alguna a cambio. Los veracruzanos agradecen que se niegue a aumentar impuestos, pero se necesitan más propuestas y menos diagnósticos catastrofistas.

Recurrir al enojo de la población para zanjar la crisis tampoco es buena idea. Esa es una medida para ganar elecciones y ya lo logró. Ahora debe ejercer el gobierno. Hasta hoy, fuera de las líneas discursivas, no ha propuesto ni tomado ni una sola medida concreta para corregir el estado de las cosas. Veracruz no puede salir de una corrupción generalizada para entrar a un populismo sucesorio semi monárquico.

La del estribo…

Falta exactamente una semana para que se cumpla el plazo que establece la ley para el pago de aguinaldos. Ni el gobierno ni las empresas parecen contar con los recursos necesarios. Prepárense para una amarga navidad.

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