Impugnación, la amenaza

Impugnación
Amadeo Flores Espinosa
- en Opinión

Salvador Muñoz / Un político me dijo hace muchos días, antes de las elecciones, una frase que me dejó helado, pero a la vez, extasiado por la profundidad del contenido: “El árbol de la democracia debe ser regado de vez en cuando con sangre…” Me dijo el autor de estas palabras: un presidente de Estados Unidos, Thomas Jefferson. Por supuesto, que busco en Google y sí, efectivamente, le atribuyen al tercer presidente de Estados Unidos tal comentario sólo que con unas ligeras variantes: “El árbol de la libertad debe ser vigorizado de vez en cuando con sangre de patriotas y tiranos… es su fertilizante natural”.

II

Días antes de las elecciones, pareciera que los demonios andaban sueltos por Veracruz, entre muertos, incendios, ataques, levantones y golpeados… ¡ya ni se diga el día D!

Entonces recordé esa frase… el baño de sangre… que no la frase de Jefferson.

No obstante, las cosas medio cambiaron cuando hubo que salir a votar.

A lo mejor alucino, pero a partir de las 23:30 horas del 5 de junio, no sé si usted lector notó lo que voy a platicar… muy independiente de los seguidores de Miguel Ángel Yunes Linares, de los perredistas y panistas, en ese sector de la sociedad que no cree en partidos, en políticos, que a lo mejor ni votó o votó en contra del partido en el poder, su ánimo se percibía con alegría, complacencia, satisfacción y hasta cierto dejo de saña ante el derrotado.

Ojo… pero en el mayor número de casos, la percepción que también tengo es que el derrotado no parecía ser Héctor como sí el PRI o el mismo Gobierno estatal.

El hecho de salir a la calle y ver a conocidos, que de calle a calle se saludaban y gritaban “¡Ganamos!” con un rostro de alegría, hacía creer que desde ese lunes 6, Veracruz ya estaba mejor.

III

A todos nos queda claro que en nuestra partidocracia se pierde o se gana. Por eso, cuando se ve a Héctor Yunes reconociendo la derrota, o la conferencia de Duarte llamando a la reconciliación, pensé que se arañaba ya la democracia. La desilusión llegó pronto cuando días posteriores, el candidato del PRI daba una patada de ahogado y el Gobernador volvía a las bravuconadas vía video. A ello, la declaración del partido de Amadeo, diciendo que van a impugnar las elecciones.

Se entiende su posición. A veces asimilar la derrota está cabrón, complicado y a veces es más fácil pasar a la negación olvidando nuestro entorno.

¿Y cuál es nuestro entorno?

Pues ese ambiente que vive la sociedad veracruzana al saber que el partido poderoso en Veracruz había sido derrotado.

Nuestra entidad tiene rato que vivía un malestar para con nuestras autoridades por diferentes motivos que van desde la inseguridad hasta la sospecha de que nuestros servidores públicos, tanto de este gobierno como el anterior, y si me apuran, hasta el de principios de siglo, se hicieron ricos a las costillas del pueblo a quien sumieron en la pobreza (¿cuatro millones bien jodidos?).

Hoy, todavía embriagados por el triunfo del PAN-PRD o la derrota del PRI, veo a un veracruzano feliz, contento… ¿por qué entonces, el partido que aún mantiene el poder pretende arrancarle ese cachito de arco-iris con luces democráticas?

IV

Insisto: es respetable que tanto el PRI como Morena pretendan impugnar el resultado electoral alegando inconsistencias e irregularidades… pero (esos pinches “peros”) creo que están dejando pasar por alto algo: en cuanto se asiente la impugnación, el primero que ha de respingar, no será Miguel Ángel Yunes Linares… se corre el riesgo de que quien más se sienta indignado, ofendido, burlado con esa pretensión (totalmente legal, insisto), es el pueblo de Veracruz.

A veces, sí, “el árbol de la libertad debe ser vigorizado de vez en cuando con sangre de patriotas y tiranos”, pero también de vez en cuando hay que variarle el fertilizante… la esperanza de un mejor mañana en el ánimo de la gente creo que no se la deberían de quitar ni el PRI ni Morena… porque estarían regalando desde este momento la elección del 2017 y estoy seguro que Yunes Linares ansía más que nadie que sus contrincantes den el primer paso.

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